UNA SORPRESA (haz clic)





viernes, 2 de diciembre de 2011

CAPITULO VI

Los dos chicos estaban sentados en los columpios, sin hablar. Pete vio a Will mirando hacia el cielo y se imaginó lo mal que lo habría pasado.
- Oye – le llamó la atención intentando romper ese ambiente tan tenso que se había formado -, ¿tienes adónde ir?
- ¡Ostras, no había pensado en eso! – dijo Will dejando de columpiarse bruscamente
El chico se levantó y empezó a dar vueltas sobre sí mismo, pensativo.
- ¿Y ahora qué hago? – se dijo algo asustado
- Eh, no te preocupes. Si no tienes un lugar donde pasar la noche y no quieres volver a tu casa puedes pasarla en la casa que compartimos el tío Joey y yo – le dijo Pete agarrándole de los hombros para que dejara de dar vueltas -, pero no te acostumbres – añadió con una sonrisa socarrona
- ¿En serio?, gracias.
- Bueno, ahora toca volver a casa. Sígueme que voy a enseñarte el camino.
Pete y Will salieron del parque para adentrarse por los callejones de Rocksville. Por la noche, el pueblo parecía un tanto siniestro. La luz de las farolas te jugaba malas pasadas con las sombras y la luz de la luna se reflejaba en los guijarros que formaban algunas fachadas.
Pronto llegaron a las afueras del pueblo, al tío Joey no le gustaba mucho la compañía por lo que vivía algo lejos del bullicio del pueblo. Al entrar en la casa la vieron totalmente a oscuras y entraron con cuidado para no despertar al tío de Pete, pero algo les delató.
- ¡Cuack, cuack! – se oyó el grito de alarma de un pato
Will se asustó mucho y dio un ligero brinco, no esperaba encontrarse con un pato, pero Pete sonrió al ver al señor Willy.
El señor Willy era el pato del tío Joey. Tenía la cabeza de plumas ligeramente verduscas y el cuerpo de un tono más marrón. Tenía las patas largas y tan naranjas como su pico. Joey lo había cuidado desde que tan solo era un huevo y Pete estaba tan acostumbrado a él como si simplemente fuera un perro.
Entonces se encendió la luz y apareció un hombre bajando por las escaleras que llevaban a los dormitorios, era el tío Joey. Aquel hombre debía de rondar por los cuarenta años aunque no los aparentaba. Llevaba unos pantalones vaqueros, una camisa negra con los primeros botones desabrochados e iba en calcetines. Tenía el pelo negro, igual que Pete pero bastante más corto, y los ojos castaños. Era delgado y atlético, y si no fuera por la barba recién afeitada y algunas ligeras arrugas que adornaban su rostro podría haber pasado por el hermano mayor de Pete.
- Hola, Pete. ¿No llegas un poco tarde? ¿Y quién es ese? - preguntó extrañado el tío Joey dirigiéndo una mirada de pocos amigos hacia Will
- Soy Will, encantado - dijo Will con una sonrisa intentando calmar al hombre - me he escapado de casa y no tengo a dónde ir.
Los chicos le contaron toda la historia al tío Joey que esperó, pacientemente, mientras asentía. Cuando acabó la historia se sentó en el sofá frotándose el mentón pensativo, tras ello chasqueó los dedos y sonrió amablemente.
- Muy bien, no me parece mal que te quedes un tiempo pero en cuanto te disculpes con tus padres o encuentres otro lugar donde vivir te marcharás - le explicó el tío Joey -. Ah, y cuidado con el señor Willy, no le gustan mucho los extraños - concluyó con una sonrisa.
El señor Willy graznó al oír que le estaban mencionando y Will no pudo evitar reírse por lo bajo. Joey subió por las escaleras para irse a dormir y los chicos decidieron hacer lo mismo, no sin antes dedicarle una caricia al señor Willy.

1 comentario:

  1. para los que no se han leido todos los capitulos (y sean tan vagos de no leerlos) pero les apetezca seguir la historia podrias poner un EN CAPITULOS ANTERIORES...

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